domingo, 1 de julio de 2012

El Poder de la Oración - Joyce Meyer

ORACIÓN
Sin perder de vista el aspecto misterioso y trascendente que envuelve a la realidad divina, está claro que la base fundamental de la oración cristiana es la fe en un Dios personal, Uno y Trino.

El carácter personal y trinitario distingue esencialmente a la oración cristiana de cualquier otra expresión humana frente a la trascendencia. Y esto se pone ampliamente en evidencia en la historia de la Iglesia. Los diversos movimientos de espiritualidad en sus varias situaciones no podrán ofrecer, respecto a la oración, más aportación que la de unos métodos sólo accidentalmente diferenciados.


1. Descripción de la oración. La oración del cristiano no es más que el encuentro personal del hombre en diálogo humilde con Dios Padre a través de Jesucristo, su Hijo y hermano nuestro, en la fuerza del Espíritu Santo.

a) Encuentro: es cercanía y contacto con la posibilidad de intercambiar sentimientos.

b) Personal: no se trata de un ser indefinido a manera de explicación filosófica. No es "otra cosa», sino «el Otro» a quien nos dirigimos como a un "Tú», que nos mira y nos comprende, dispuesto a escucharnos, dispuesto a hablarnos.

c) Del hombre: soy yo ese hombre, en mi singularidad y en mi circunstancia. Aquí y ahora. No se trata de una entrevista-limitada a un tiempo, entre el saludo y la despedida de los interlocutores.

d) En diálogo: es hacer real la posibilidad de intercambio en los sentimientos. Dios tiene siempre la iniciativa. Jesucristo es su Palabra. Hay el ofrecimiento de una amistad. No nos obliga. Nos presenta las condiciones para entrar en la maravilla de su amor. Nos toca a nosotros corresponder, incluso pidiendo claridad, ayuda.

e) Humilde: es humilde por parte de Dios, que se rebaja hasta nuestra miseria, a nivel de nuestro pecado. Pero también debe ser humilde por parle nuestra: como nuestro ser mismo de criaturas es un don de Dios, sin posibilidad de un mérito previo, nuestra condición de pecadores inclinados a una independencia egoísta nos hace positivamente indignos. Por tanto, la oración tiene que ser un grito ante su misericordia.

D Con Dios Padre: la paternidad de Dios, como cercanía y solicitud amorosa por el hombre, es el aspecto más profundo de la revelación cristiana, La conciencia de la inmediatez divina, captada en la fe, no elimina la sensación de su trascendencia, que se hace paradójicamente cercanía más íntima que nuestra misma persona y se muestra como raíz activa de nuestro ser.

9) A través de Jesucristo: la cercanía de Dios no es una idea abstracta. Dios se ha hecho hombre en su Hijo. Utiliza nuestro lenguaje. Lo podemos tocar, Lo podemos llamar. «¡Es él!", «¡Eres tú!" Es cuestión de fe, pero de una fe con fundamento histórico, con la serie de testigos que siguen formando la Iglesia, desde que Jesús permaneció sensible entre nosotros. y, lo que es más interesante, oró y nos enseftó a orar, haciéndose solidario con la humanidad.

h) En la fuerza del Espíritu Santo: el Espíritu Santo, que es el amor personal unitivo del Padre y del Hijo, entra en la vida espiritual de todo cristiano y de la Iglesia entera como un don de gracia que inspira y mueve los resortes de nuestra vida espiritual. Él sigue dando testimonio y haciendo que sea una vivificante realidad la acción salvadora de Cristo, dando consistencia a su Cuerpo místico "la Iglesia" y a su Cuerpo sacramental "la eucaristía".


2. Expresiones humanas de la oración.

a) Como palabra y como situación : las dos definiciones clásicas de la oración, "conversación con Dios o con Cristo» (Padres apostólicos) y «elevación del alma a Dios» (san Juan Damasceno), puede decirse que expresan dos elementos de la misma realidad existencial. La primera tiene un carácter activo, mientras que la segunda manifiesta lo que podríamos llamar la "situación oracional».


b) Interioridad y expresión exterior: la interioridad corresponde al recogimiento o toma de conciencia necesaria del Dios presente, sin lo cual la oración externa resulta vacía. La expresión exterior responde a la condición sensible del hombre, en correlación vital con el espíritu. De aquí la necesidad de fórmulas sensibles, de movimientos corporales, de espacios privilegiados, de ritmos temporales cada día, cada semana, cada año...

c) Individual y comunitaria: esta división se refiere al sujeto orante, a la persona particular o al conjunto de los que se han congregado ante el Señor.

De todas formas, la contraposición entre el individuo y la comunidad no es exclusividad mutua, ya que el cristiano se presenta siempre delante de Dios como miembro de la comunidad que, místicamente unida a Cristo, forma la Iglesia. A su vez, la comunidad orante no es nada sin la oración de cada uno de sus miembros.

d) Como acto humano personal, la oración puede expresar la diversidad de sentimientos que inundan al hombre ante la grandeza y la bondad de Dios. Por consiguiente, la oración tiene diversas expresiones: de alabanza, de petición de beneficios, de acción de gracias, de súplica de perdón, de aceptación de sus designios, etc. El «Padre nuestro», enseñado por Jesús, ofrece un compendio insuperable de los temas de oración.


3. Cualidades de la oración.- Aunque ya las hemos indicado fundamentalmente en la descripción hecha al principio, hay cuatro cualidades principales que se deducen de la sagrada Escritura: atención (cf. Mt 6,6: Ef6,18: Sant 4,3), humildad (cf. Lc 7 6: Rom 8,26: Jn4,6), confianza (Mt 21,22: Mc 1 1,24) y perseverancia (Lc 18,1 : 1 Tes 5,17) La confianza y la humildad implican la fe en que Dios es más bueno y más sabio que nosotros, que sometemos nuestra petición a la soberanía amorosa de su voluntad, dejando aparte nuestros eventuales deseos. El modelo de esta actitud es el mismo Jesús en el huerto de los olivos: " Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz: pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Mt 26,39: Lc 22,42).


4, Dimensión social de la oración, El hecho de la unión espiritual que se establece entre los hombres, haciéndose en Jesucristo hijos del mismo Padre celestial -«comunión de los santos", le da a la oración del cristiano una dimensión de solidaridad que encuentra su expresión en el recurso a la intercesión de los santos, sobre todo de la Virgen María, y en la súplica de unos por otros.



5. Proceso espiritual del orante.- Siguiendo la doctrina del doctor seráfico san Buenaventura en su opúsculo De triplici via, se pueden indicar tres etapas en la vida de oración, que no significan una sucesión temporal, sino tres actitudes del espíritu que no se excluyen mutuamente. En la vía (o situación) «purgativa», la oración tiene como objeto la pureza del corazón, pidiendo al Señor la gracia de que nos libre de nuestras miserias. En la vía (o situación) «iluminativa» se pide luz y ayuda para penetrar en 'el misterio de Cristo por medio del estudio de la sagrada Escritura. En la vía (o situación) «unitiva» la oración se convierte en diálogo de amor con la entrega al Señor, tan total que puede alcanzar la unión mística con él.


6. Los diversos métodos de orar. Los movimientos espirituales especialmente los institutos de vida consagrada~ han promovido estilos característicos de oración: los monjes benedictinos fomentan la oración litúrgica distribuida en las diversas horas del día: los dominicos proponen la oración con un predominio especulativo: los franciscanos subrayan la actitud marcadamente afectiva... Especialmente después del concilio Vaticano II han surgido entre los laicos diversos grupos de oración comunitaria, a veces con influencias de los métodos orientales de meditación y como reacción a la secularización moderna.

B. García

Bibl.: G, Moioli, Oración. en NDT 11, 1 1721 187: B. Baroffio, Oración, en DTl, III, 666679: B. Haring, Oracióll, en NDE, 10151024. H. U, von Balthasar La oración Contempiativa, Ed. Encuentro, Madrid 1989: A. Hammann, La oración, Herder Barcelona 1967' . M, Castillo, Oración y existencia cristiana, Sígueme, Salamanca 1969.


PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teológico Enciclopédico, Verbo Divino, Navarra, 1995

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